Cada una de las Islas Canarias, dentro de la unidad que les confiere su común origen geológico, tiene un sello de belleza distintivo y peculiar. Subsiste en ellas toda una gama de paisajes: desde la imponente grandeza de cumbres y sierras a los más recatados valles, pasando por desiertos arenales, roquedales abruptos, cráteres de geométrica perfección y bosques de impresionante belleza. Cada isla puede decirse que es un continente en miniatura, y sus paisajes evocan, parcialmente, rincones de todas las regiones del planeta, donde se dan por igual el pino y la palmera, el castaño o el cactus.