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Hablar
de Castilla-La Mancha es abrir una puerta al conjunto paisajístico,
histórico, artístico, gastronómico y cinegético
más variado, desigual y recio contraste de entre las regiones españolas.
Con una extensión del 16% de la superficie nacional, las cinco
províncias que la componen- Albacete, Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara
y Toledo- ofrecen una amplia gama de posibilidades al viajero y al curioso
que rompen definitivamente el tópico "zona de paso".
Viajar por Castilla-La Mancha es sorprenderse en cada punto del camino, por su multiplicidad de recursos, que hacen de esta región, particularmente bella y considerada por muchos como "la gran desconocida", un espacio a tener en cuenta. En ella se conjugan elementos naturales variopintos y característicos con un patrimonio histórico-artístico, testigo del paso de diferentes culturas que constituyen un acervo monumental de incalculable valor.
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